El futuro de la central nuclear de Vandellòs 1

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Data de publicació

13 abril 2021

Autor

Xavi Plana

CAIT (Centro de Análisis Integral del Territorio). Departamento de Arquitectura de la URV. Carlos Gonzalvo, Juan Fernando Ródenas y Gillermo Zuaznabar.

“Una vez extinguida la autorización de explotación, faculta al titular a iniciar las actividades de descontaminación, desmontaje de equipos, demolición de estructuras y retirada de materiales, para permitir, en último término, la liberación total del emplazamiento. Real Decreto 1836/1999, de 3 de noviembre, por el que se aprueba el Reglamento sobre instalaciones nucleares y radiactivas”.

Siguiendo la normativa vigente, antes de 2040, la entidad pública encargada de los desmantelamientos de instalaciones nucleares Enresa, concluirá el derribo de tres de las ocho centrales nucleares españolas: José Cabrera, Guadalajara; Santa María de Garoña, Burgos y Vandellòs 1, Tarragona. Tras 50 años desde la puesta en marcha de las tres plantas, sus estructuras recogen parte de la memoria colectiva del lugar donde fueron construidas. En el caso concreto de la central nuclear de Vandellòs 1, desde marzo de 1972, la planta coexiste en la línea de costa con la población, el turismo y extensas áreas industriales. Debido a los planes previstos de la administración, parece que estas instalaciones sean las primeras en ser demolidas, con el único propósito de recuperar un estado previo del paisaje, comúnmente denominado como “estado original”.

En cierta manera, el mundo “nuclear” a día de hoy aún causa cierto reparo en la sociedad, debido al hermatismo de las empresas, y problemas derivados de la seguridad y tratamiento de residuos. El accidente de Fukushima de marzo de 2011 supuso una aceleración en el desmantelamiento de estas plantas, principalmente en Europa. Según se desprende de la normativa española vigente que ampara a estas instalaciones, Real Decreto 1836/1999, la administración obliga al derribo completo de todas las estructuras tras concluir su función productiva. En un periodo de inestabilidad debido al cambio climático y a la crisis económica como el actual, ¿tiene sentido recurrir a una normativa redactada hace más de 20 años?

A la vista de la tecnología y estándares de las estructuras de la central nuclear, en lugar de ser descontaminadas y simplemente derribadas haciéndolas desaparecer del paisaje, se propone su reutilización, empleando estrategias de reciclaje industrial. La propuesta se centraría en el desarrollo de sectores terciarios, vinculados al campo de la salud, educación e investigación. El reciclaje de estas estructuras supondría numerosos beneficios para la sociedad en áreas como la ecología, economía, urbanismo, paisaje y patrimonio. En Europa, desde hace más de una década, existe una conciencia creciente para acometer el reciclaje de estas centrales por parte de organizaciones internacionales reconocidas, como la Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA) y el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS), asociada con la UNESCO. Ambas entidades elevan a categoría patrimonial los edificios de centrales nucleares, en las que el derribo sólo se contemplaría como última opción. El punto de

vista propuesto por estas organizaciones hacia el estado actual de estas centrales abre un abanico de expectativas temporales de intervención.

El grupo de investigación CAIT (www.cait-urv.eu), del Departamento de Arquitectura de la Universitat Rovira i Virgili, se suma a esta larga tradición por generar conocimiento acerca de estructuras obsoletas de centrales nucleares a partir del análisis del entorno arquitectónico, urbano y paisajístico de la provincia de Tarragona. En este sentido, el cajón del reactor y el silo de barras de grafito, junto a otros edificios del reconocido arquitecto catalán Antonio Bonet Castellana (1913-1989), como el poblado para alojar a los trabajadores, están incorporados en el Registro de la Fundación Docomomo Ibérico, como parte del patrimonio moderno a conservar. Con el fin de reivindicar la obra del arquitecto y hacer pedagogía sobre los edificios en la central son las razones que impulsaron en 2019 la creación del petit museu, ubicado en la escuela del poblado en L’Hospitalet de l’Infant. La intervención, financiada por el ayuntamiento del municipio, repara dos módulos de la escuela: uno de ellos se restaura, devolviéndolo a su estado original y el otro se destina a espacio expositivo, con paneles informativos sobre la figura de Bonet y su intervención arquitectónica, tanto en el poblado, como en la central nuclear.

A partir de esta catalogación patrimonial, sumado a la excelente ubicación de la central en un enclave de alto interés paisajístico, por su proximidad al mar, se abre el interrogante sobre la permanencia de la central nuclear de Vandellòs 1. Como sociedad, debemos cuestionarnos si sus estructuras deben ser simplemente derribadas en la próxima década, siguiendo el procedimiento difundido y aceptado por la administración o, por el contrario, si queremos mantener dichas estructuras en el paisaje con la posibilidad de alojar nuevos e inesperados programas que beneficien a la sociedad. Esta última aproximación transformaría el discurso acerca de estas instalaciones en positivo y la percepción por parte de la ciudadanía de un territorio que paradójicamente hoy causa reparo, debido a los peligros y el hermatismo que implica la producción eléctrica con energía nuclear.

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