La Caja Books, 2026
Quines persones són la nostra família? Com la triem? Quins llaços construïm amb elles?
Ens endinsarem amb aquestes preguntes a la vida de la Paloma, una auxiliar de vol a la que el retrobament amb una coneguda de l'institut li “Parece un baile. Coreografiado, colectivo. Una mujer extiende las manos en abanico, de adentro hacia afuera, los dedos curtidos se mueven ligeros: acarician una, dos, tres obleas. La cadera, hacia la derecha, luego hacia la izquierda. Una ola se retira. La mujer coge una galleta maría. Luego otra. Y otra más”.
La galleta maría Fontaneda fue una presencia permanente en los hogares, en los medios, en la cotidianidad de nuestro país en el siglo XX. La recordamos en los desayunos con un vaso de leche, en las meriendas, en los juegos en la calle, en la televisión con su melodía pegadiza. Detrás de estas rutinas colectivas y familiares, se encontraba un trabajo en cadena silencioso y lleno de dureza.
Veinte años después del cierre de la fábrica Fontaneda, Laura Sanz Corada, hija de una de aquellas galleteras regresa a Aguilar de Campoo para conocer, adentrarse y compartir el archivo industrial y familiar.
Sobre todo es un homenaje a una generación de mujeres que comenzaron a trabajar a los catorce años, dejando atrás parte de su infancia y adolescencia.
También a su madre, “Necesito amplificar su mundo”, dice la autora. Y escribe:
“Su imagen es de 1973: una chiguita sale corriendo por la puerta de casa. Tiene catorce años y lleva puesto su traje de bailarina. Tiene catorce años y se pone la cofia donde se lee “fontaneda”. Tiene catorce años y cuando madruga, el sol es un fantasma negro. Tiene catorce años y entra en la fábrica y no al instituto. Tiene catorce años y sus manos”.
Estas mujeres sacrificaron buena parte de su vida en una habitación, junto a las cintas de envasado de las galletas, llegando al sangrado de los dedos inicial, hasta la artrosis en la espalda, el hombro, la rodilla.
La autora comenta que intenta que sus preguntas sean como una mano extendida, suave, que acompaña sin empujar. Quiere conocer las vicisitudes de sus días y rutinas hasta la venta de la fábrica a una multinacional.
“Qué miedo que la fábrica desaparezca. Qué miedo que solo quede el relato o qué bien que exista el relato. Qué suerte poder reescribirlo. Reescribir es también permanecer. Reescribir, a veces, es quedarse”. el present i el futur.
Un llibre escrit amb un estil molt lluminós que us portarà a acompanyar les seves protagonistes fins el final.







