El poeta afincado en Cambrils gana el Premio Real Academia Española
Esther Celma
Cerralbo es un pedacito de la España vaciada, un pueblo de Salamanca en el que resisten poco más de cien habitantes y en el que el tiempo discurre, aún, a su propio compás, aunque cada vez menos inmune a la vorágine de la era digital. Cerralbo, oficialmente, significa cerro blanco. Para el poeta y escritor Ramón García Mateos (Salamanca, 1960) es el espacio feliz dónde se crio. abrió su curiosidad al mundo y bebió por primera vez la lengua que ha marcado una larga trayectoria literaria, poética, académica y docente.
Cerralbo es el origen del universo creativo de este salmantino afincado en Cambrils, una materia primigenia que a veces es puro sustrato y otras, fluye libremente.
Tanto, que centra su último libro 'Cuando el mundo se llamaba Cerralbo´, un trabajo que ha merecido el Premio Real Academia Española (RAE), en su vigesimosegunda edición, otorgado el pasado 23 de octubre.
El jurado, según informa la RAE, ha destacado esta obra «por su maestría al recrear un mundo rural ya desaparecido, a través de los testimonios orales y por la recuperación del lenguaje». Un buen motivo para conversar, pocos días después de ganar este prestigioso galardón, con Ramón García Mateos.
Antes que nada, enhorabuena por este merecido premio.
Muchas gracias. Todavía estoy sorprendido, sobre todo porque está fuera del mundo comercial y competitivo. Necesitas ser propuesto por tres académicos y distingue la mejor obra escrita en castellano publicada en los dos últimos años. Además, la dotación económica es de 25.000 euros, algo muy poco frecuente y muy de agradecer.
¿Sorpresa absoluta o tenía algún indicio?
Yo sabía que estaba propuesto, pero aun así me cogió por sorpresa cuando me lo comunicaron porque soy un periférico en todos los sentidos.
¿Qué quiere decir con periférico? ¿De provincias, tal vez?
Sí y más. Estoy en un entorno en el que la literatura oficial se mueve en catalán, lo que tiene su lógica. Pero si escribes en castellano no cuentas en ningún tipo de actividad literaria convocada por los ayuntamientos o por Cultura de la Generalitat. Prácticamente, nunca hay autores que escriban en castellano. Por lo tanto, eres un periférico en Catalunya porque no escribes en catalán y eres un periférico fuera de ella porque, aunque escribas en castellano, vives en Catalunya, lejos de los círculos oficiales.
Hablemos de Cerralbo. ¿Es su Macondo particular, una especie de Arcadia, la infancia feliz?
Es mi pueblo, dónde me crie hasta los diez años y siguió siendo una referencia de volver de manera continuada hasta los veinte. Mi abuela María, la madre de mi madre, jugaba el papel de conector familiar hasta que murió.
Por aquel entonces, mi pueblo tenía más de 300 habitantes, Ahora tiene unos cien y sí, era un espacio feliz de la infancia, pero en un tiempo más cercano a la Edad Media que a la actual. No había agua corriente y solo tenían luz las casas del centro. La tierra se trabajaba con el arado romano, el mismo sistema que 2.000 años atrás. Nada que ver con el salto vertiginoso que supone el hoy en día, en el que estás a un golpe de clic de cualquier parte.
¿Y ese pasado perdura para usted?
Yo creo que marcan las vivencias que uno tiene en los primeros años de su vida, cuando descubre en buena medida el mundo y en los que aprende la lengua. El idioma en el que se va a manejar a lo largo de su vida, deja una huella indeleble, imborrable. De ahí que cuando te planteas evocar ese mundo lo haces con la mirada del niño que fuiste o al menos es lo que he intentado yo.
¿Eso explicaría que su poesía sea tan musical, porque bebe de las fuentes orales de la infancia?
Mi poesía tiene, por una parte, la tradición más culta, la que deriva de mis lecturas habituales, de los autores que me han ido marcando y luego una segunda tendencia que me ha fascinado siempre, la de la oralidad de las canciones. Siempre me ha interesado mucho jugar con eso, adaptar el mundo actual, la visión del hombre contemporáneo a aquellas historias, poemas y cancioncillas que
han pervivido en la memoria colectiva desde que el hombre es hombre y sí, tiene que ver con ese mundo de Cerralbo en el que descubro el lenguaje y esas canciones que luego voy a utilizar.
¿Para preservarlas o como nexo con el presente?
Preservarlas es más propio de folkloristas y antropólogos, yo lo entiendo como materia viva en la que puedes entrar con libertad casi absoluta. Decía Agustín García Calvo que, como es de todos, no es de nadie y como no es nadie, también es mío y en ese juego puedes utilizarlo como quieras
¿Y usted cómo lo utiliza?
En un juego casi de intertextualidad entre los poemas, las estrofillas, las cancioncillas. Cambiarlas, introducir elementos poéticos y de la modernidad. Siguiendo los parámetros propios de la tradición, con crítica social y política actual. Una mezcla de la tradición y la modernidad.
Si le sigo bien, ¿esta reivindicación del pasado, de preservar la mirada curiosa de la infancia, conduce a que lo más revolucionario es ser ingenuo?
Sí. Mi generación ha pasado de un mundo casi más cercano a la Edad Media que al que contemplamos actualmente, en el que todo está a mano a golpe de clic. Creo que evocar ese mundo, ese tiempo, también es señalar de dónde venimos y qué nos hizo ser como somos.
Ahora podemos estar conectados a nivel global, pero sin profundidad ni reflexión.
Hemos perdido humanidad. Antes las puertas de las casas no se cerraban o te daba de merendar la vecina si no encontrabas a nadie en la tuya. Había otro tipo de relación que venía marcada por la concepción del tiempo. Cuando me comunicaron que me habían concedido el premio, era un viernes por la mañana y la responsable de prensa me comentó que era una pena que fuera vienes porque seguramente el lunes ya sería una noticia vieja.
De obra ganadora, a noticia vieja, sin importar el tiempo ni el esfuerzo que conlleva. Qué contradicción. ¿Cómo fue el proceso de escribirla?
Sí, me hizo coger más consciencia de la especie de espiral donde vivimos, todo tan rápido, tan inmediato, tan vertiginoso y acelerado. En poesía, escribes más a tirones, pero cuando te metes en una historia larga como esta, hay que forzarse y sentarse a escribir.
La novela se publicó en otoño del año pasado, pero empecé a escribirla antes de jubilarme y tardé unos tres o cuatro años. Puede ser que en un día te salga un folio o cinco. Yo sabía lo que quería, tenía la idea de lo que quería contar, pero el relato a veces adquiere sus propios caminos, Aparece un personaje que no tenías planeado y te puede dar juego y aparecer en otro capítulo, por ejemplo.
Dice que escribe poesía a tirones. ¿A golpe de musa, de inspiración?
No, de estados de ánimo. Son, sin duda, los que te empujan.
¿Tristes o alegres?
Ambos, aunque siempre te llevan más a la escritura los de pérdida, los de orfandad. Decía Machado que se canta lo que se pierde y yo creo que los momentos de plenitud, de felicidad, son menos propensos a la creación literaria. Roger Wolf, un poeta del llamado realismo sucio, decía que escribía cuando había perdido el amor porque si no, literalmente, "no escribo, follo". Me parece una barbaridad, pero tomado como referencia es interesante porque la escritura, el arte recoge las situaciones de pérdida y también de disconformidad con el mundo que te rodea.
Ha citado a varios autores. ¿Qué cita suya le gustaría que se recordara?
Es muy difícil de contestar. La cita te lleva a una situación puntual. Es como cuando te preguntan qué autor te ha marcado, cuando las influencias son muchas. Me gusta mucho una de Blas de Otero: "Escribo hablando como en un cantar de amigo", lo que entronca con toda la tradición oral que comentábamos. También otra de César Vallejo porque refleja muy bien mi concepción de la poesía: "Murió mi eternidad y estoy velándola". La pérdida no siempre es física. Puede ser de la infancia, de los paisajes cercanos, sentir melancolía o añoranza.
Ya sé que cuesta escoger una, pero con qué cita de su propia obra se siente más representado.
No me sé todos mis poemas de memoria, solo algunos fragmentos. Tengo un poema sin nombre que juega con el estribillo "Yo sé quién soy y de dónde vengo". Creo que puede ser una referencia. Lo he escogido porque la idea de la actitud vital es muy importante: saber quién eres, cuál es tu sitio, pero también de dónde vienes y cual es tu origen. Como muchos otros de mi generación, provenimos de la escasez. De hecho, el poema sigue así: "Nuestro pan es el fruto de su hambre".

















