Mozart y Mompou

29 agost 2025

Mozart y Mompou

Independientemente de la formación musical que alguien posea, resulta extraordinariamente curioso lo que ocurre a través de la música de W.A. Mozart. Se ha hablado mucho sobre el tema, y parece casi impossible aportar novedad sobre ello.
Acto seguido referiré el resultado de algunas reflexiones personales.
La curiosidad como persona, como músico y como compositor me han impelido a intentar objetivar y profundizar sobre el tema.
En el año 1978 tuve el honor y el placer de mantener una larga conversación con Frederic Mompou; tres largas horas en las que inteligencia, biografía, ironía fina, ternura, humor y humanidad se trenzaron construyeron una trama que ha dejado huella en mi memoria pasados 47 años.
Entre las muchas cosas que dijo ese alquimista del sonido que fue Mompou, una entre todas me sorprendió y produjo en mi un notable desconcierto, al menos en aquel momento.
Resulta que a Mompou no le gustaba nada la música de Mozart. Necesité algún tiempo para comprenderlo en
profundidad y hoy puedo contemplar esa afirmación sin que mi admiración por ambos músicos se desequilibre.
He llegado a comprender que el músico catalán y el salzburgués «jugaban» a cosas distintas (…)
Mompou, ante todo fascinado por el timbre, esa huella dactilar del sonido, deconstruía, desnudaba la estructura de todo oropel, de todo efecto retórico para llegar a lo más profundo, a lo más íntimo, a lo más silencioso.
Para él, armonía y timbre están al servicio del mismo fin; un finísimo sentido de la exquisitez destilado una y otra vez hasta encontrar el perfume imposible.
Resulta evidente que Mozart camina en las antípodas. Una gran capacidad para la retórica «víctima» del don de la dialéctica narrativa.
En Mozart, fondo y forma se entrecruzan probablemente porque dentro de su orden, son la misma cosa.
Mozart no «deconstruye» però probablemente tampoco construye (?).
Hace algo más misteriosamente prodigioso; descubre el ORDEN interno de la estructura musical, y lo «estira y estira» adaptándolo muy inteligentemente al gusto estético del lugar y de la época que le tocó vivir.
Mozart quiere ser reconocido, probablemente porque necesita ser amado.
Mompou quiere conocer porque necesita amar íntimamente.
Gabriel Fauré y otro Federico (Chopin), marcaron su finísima concepción sensual, espiritual y austera de la composición y sin duda influyeron notablemente en el desarrollo de su pianismo.
Mozart escribe «desde» el teclado, Mompou escribe «para» el piano.
Mozart busca como arqueólogo musical una música que «ya está escrita», el sólo ha de transcribirla, como si rindiera un homenaje inconsciente a una inteligencia superior con el único impedimento del juego de la mente que representa su ego.
Mompou, pacientemente sublima, condensa, ejerce de maestro alquímico del sonido y también «sabe» que esa música le está esperando desde siempre. En todo caso, su oficio -y su sacrificio- radique en la lentitud divinamente paciente que le caracterizó.
El amor a su tierra, al paisaje, lo devuelve en forma de sonido. Inspira color, respira sonido. Tal vez no resulta del todo casual que su hermano fuera un pintor notable

Conrad Setó

Foto: Xulio Ricardo Trigo

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